Adán pasó los primeros tiempos muy solo. Lo único que hacía era caminar de aquí, para acá, dormir, comer frutos de árboles permitidos, defecar aquí y allá, dormir un poco más; no lo propio de un bebé, sino lo de un animal. ¿Con qué pudo haber soñado Adán, el primer hombre, el primer soñador? Si es cierto que soñamos lo último que se queda en nuestra mente, entonces él debió haber soñado con árboles frutales. Dormir, despertar, comer, dormir, nombrar cosas. Todos los días Dios se asomaba a verlo y lo veía solo, quizás no triste, pero solo. Y eso no le gustaba. Y entonces se le ocurrió la mejor idea de todas –y eso que Dios ha tenido unas ideas maravillosas- decidió crear a la mujer. Así como había creado a Adán de barro y soplos de vida, Dios moldeó una mujer de tierra mojada y aliento. Como no le gustara tanto, hizo que Adán durmiera y le sacó una costilla y creó otra mujer. Hombre y mujer los creó para que se amaran, se volvieran una sola carne y una única alma.
En el principio, Adán y Eva no se llevaron muy bien en realidad. Eva se quedaba todo el día en casa, esperando a que Adán regresara de ir a buscar comida. Esa era la peor excusa de todas, porque encontrar comida en el paraíso es tan fácil como estirar la mano. La verdad es que se pasaba todo el día con Lilith, la mujer que Dios había hecho de barro. No me malinterpretes, Adán amaba a Eva y sabía con sus primitivas neuronas y neandertales sentimientos que Eva le amaba con toda su alma, con toda su mente, con todo su corazón, con todas sus fuerzas; es nada más que algo tienen estas mujeres que están hechas de barro, de maíz y de agua, de tierra y de magia y su cuerpo se moldea como barro negro con ambas manos, con los dedos, los ojos, los labios, porque es barro negro al calor. Algo así. Y además, habría que considerar que en esos tiempos no existía la culpa y todavía nadie había tallado los mandamientos en tablas de roca; todo lo que no podían hacer era comer manzanitas de un árbol, pero eso no era necesario, pues había bastantes árboles, unos que daban plátanos, melones y sandías, incluso había otros que daban otras manzanas y unos que daban helado de vainilla y limón. En la noche, llegaba Adán a la casa y sin ningún remordimiento besaba a Eva y la amaba. Por suerte para Eva, todavía no inventaban la sospecha o el lápiz labial.
Un día, envueltos en eso de moldear el barro, a Lilith le pareció que sería una muy buena idea comer manzanas de aquel árbol prohibido. A Adán no le llamó particularmente la atención esa idea, digo, al fin y al cabo era sólo una manzana, prohibida y todo, pero manzana al fin y al cabo; pero parece ser que el sentido común estaba poco dispuesto a ser descubierto y la memoria a corto plazo estaba en sus primeras pruebas de mercado. Eva vio como pasó todo, pues, en realidad, el paraíso no era un lugar tan extenso, vio un poco del moldeo de barro, luego el festín de la manzana, vio como se abrió el cielo para dejar pasar la voz de Dios que preguntaba Quién ha comido del árbol prohibido, vio a Adán y Lilith sin saber que hacer y dijo Yo Señor, porque el lenguaje ya tenía unos pocos días de patentado, Yo he comido de ese fruto que nos diste como única y sencilla prohibición, y me ha gustado tanto que engañe a Adán para que lo comiera él también.
Mujer tonta, le contestó Dios, Acaso se te olvida que Yo Soy, y que, además, todo lo veo y todo lo sé, Cómo se te ocurre tratar de engañar a tu Dios, le preguntó, pero ya habíamos hablado de la memoria a corto plazo, He visto perfectamente todo lo que ha pasado, han comido del fruto prohibido, del árbol de la sabiduría y su castigo era claro: deben ser borrados del árbol de la vida. Nada de eritis sicut deus, vamos siendo claros en eso. Sin embargo, le dijo a Eva, tu amor los ha salvado. En vez de eso, los premiaré. Sabrán lo que es un trabajo bien hecho con el sudor de la frente, sabrás el gozo que es dar a luz y comprenderán la grandeza de la vida cuando experimenten la muerte. El Señor está contigo, Eva, hija de Dios.
En cuanto a ti, Adán, tu castigo será sencillo, será como lo has querido. De ahora en adelante, esta mujer será el motivo de todas tus glorias, de todas tus desgracias, de todas tus alegrías, de todas tus d(e)udas, tus tristezas; tu vida y tu muerte. Ámala y tu amor será correspondido; todo lo que ates en la tierra, lo mantendrá atado el cielo.
Y le dijo eso, y ahora estamos aquí.
En el principio, Adán y Eva no se llevaron muy bien en realidad. Eva se quedaba todo el día en casa, esperando a que Adán regresara de ir a buscar comida. Esa era la peor excusa de todas, porque encontrar comida en el paraíso es tan fácil como estirar la mano. La verdad es que se pasaba todo el día con Lilith, la mujer que Dios había hecho de barro. No me malinterpretes, Adán amaba a Eva y sabía con sus primitivas neuronas y neandertales sentimientos que Eva le amaba con toda su alma, con toda su mente, con todo su corazón, con todas sus fuerzas; es nada más que algo tienen estas mujeres que están hechas de barro, de maíz y de agua, de tierra y de magia y su cuerpo se moldea como barro negro con ambas manos, con los dedos, los ojos, los labios, porque es barro negro al calor. Algo así. Y además, habría que considerar que en esos tiempos no existía la culpa y todavía nadie había tallado los mandamientos en tablas de roca; todo lo que no podían hacer era comer manzanitas de un árbol, pero eso no era necesario, pues había bastantes árboles, unos que daban plátanos, melones y sandías, incluso había otros que daban otras manzanas y unos que daban helado de vainilla y limón. En la noche, llegaba Adán a la casa y sin ningún remordimiento besaba a Eva y la amaba. Por suerte para Eva, todavía no inventaban la sospecha o el lápiz labial.
Un día, envueltos en eso de moldear el barro, a Lilith le pareció que sería una muy buena idea comer manzanas de aquel árbol prohibido. A Adán no le llamó particularmente la atención esa idea, digo, al fin y al cabo era sólo una manzana, prohibida y todo, pero manzana al fin y al cabo; pero parece ser que el sentido común estaba poco dispuesto a ser descubierto y la memoria a corto plazo estaba en sus primeras pruebas de mercado. Eva vio como pasó todo, pues, en realidad, el paraíso no era un lugar tan extenso, vio un poco del moldeo de barro, luego el festín de la manzana, vio como se abrió el cielo para dejar pasar la voz de Dios que preguntaba Quién ha comido del árbol prohibido, vio a Adán y Lilith sin saber que hacer y dijo Yo Señor, porque el lenguaje ya tenía unos pocos días de patentado, Yo he comido de ese fruto que nos diste como única y sencilla prohibición, y me ha gustado tanto que engañe a Adán para que lo comiera él también.
Mujer tonta, le contestó Dios, Acaso se te olvida que Yo Soy, y que, además, todo lo veo y todo lo sé, Cómo se te ocurre tratar de engañar a tu Dios, le preguntó, pero ya habíamos hablado de la memoria a corto plazo, He visto perfectamente todo lo que ha pasado, han comido del fruto prohibido, del árbol de la sabiduría y su castigo era claro: deben ser borrados del árbol de la vida. Nada de eritis sicut deus, vamos siendo claros en eso. Sin embargo, le dijo a Eva, tu amor los ha salvado. En vez de eso, los premiaré. Sabrán lo que es un trabajo bien hecho con el sudor de la frente, sabrás el gozo que es dar a luz y comprenderán la grandeza de la vida cuando experimenten la muerte. El Señor está contigo, Eva, hija de Dios.
En cuanto a ti, Adán, tu castigo será sencillo, será como lo has querido. De ahora en adelante, esta mujer será el motivo de todas tus glorias, de todas tus desgracias, de todas tus alegrías, de todas tus d(e)udas, tus tristezas; tu vida y tu muerte. Ámala y tu amor será correspondido; todo lo que ates en la tierra, lo mantendrá atado el cielo.
Y le dijo eso, y ahora estamos aquí.
