lunes, 18 de octubre de 2010

lunes de reincidencia (¿o fue domingo de reincidencia?)

Sobre la verdadera técnica para la memoria, tal como me la contó el tres veces campeón mundial de memoria, Sir Walter Scott

Lo primero que debe hacerse es tener una conciencia cercana de la cantidad de datos que deben ser memorizados. Te pongo un ejemplo típico de la vida de todos los días: un número telefónico. ¿Cómo haces para recordar un número telefónico cuando tu memoria es pésima? Muy sencillo, repartes el número entre tus amigos (esperando, claro, que tengas amigos) y así cada uno debe recordar nada más una secuencia menor, digamos, dos números, en lugar de que una sola persona recuerde seis o siete, dependiendo del lugar a dónde quieras hablar. Pues bueno, para recordar otras cosas, la técnica es muy similar: supongamos que debes recordar el orden de las cincuenta y dos cartas de la baraja inglesa. Debes tener un número de personas cercano al número de cosas que quieres recordar para que así cada uno deba recordar menos. Pues bueno, antes de llegar al escenario en el que te pidan recordar el mazo, previamente y en tu casa o en un parque tranquilo, debes iniciar el proceso de fragmentación de la personalidad. Es un proceso sencillo una vez dominado, simplemente debes multiplicar la cantidad de vocecitas que escuchas en tu cabeza. Por lo general, una vez hecho eso, te enfrascarás en una cruenta batalla por el dominio; es imprescindible que la ganes. Si no la ganas, bueno, no sé qué podría pasar pero quizás pierdas todo interés en recordar cosas. Una vez hecho eso, divides, en nuestro caso específico, las cincuenta y dos cartas entre tus personalidades para que le toquen menos a cada una, digamos siete, y la memoria se vuelve una simple repetición de datos. Si son muchas y no tienes éxito, quizás convenga crear más personalidades a partir de la tuya principal, o bien, pedirle a las demás personalidades que se fragmenten a su vez y así, las veces que sea necesario. Si tuvieras veinte personalidades, un número no muy elevado, y ellas tuvieran a su vez digamos, diecisiete, tendrás trescientas cuarenta personas que te repetirán lo que tenías que recordar. Y aceptémoslo, un escenario en el cual se te pida recordar más de trescientos cuarenta elementos es bastante inverosímil.
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