martes, 12 de octubre de 2010

martes del día de la raza

XII
llueve tan fuerte, beba,
que el agua se mete a la casa.
por la puerta, la ventana, por el baño, el techo, el florero y un vaso roto en el piso.
creo que a veces también por ti y por mi y por tu osito de peluche.
y aquí en el desierto la casa se vuelve laguna
pero no importa por que la cama también es lanchita
y la marea nos mece
y la corriente nos lleva
y alguien abre la llave
y nos vamos por la coladera
¡y qué viaje!
vemos cocodrilos y pantanos
y tres tigres no muy contentos cenando avena
y se acaba el agua, de vuelta a la regadera.
se acaba el baño,
no estuvo tan malo.

XIII
llueven perros y gatos,
llueven a cántaros;
y a veces
llueven cántaros con perros y gatos
y ratones.
es una campal esta lluvia.
llueven para arriba salmones
nadando contra corriente.
llueven limones de hielo y popo de borrego congelada.
llueven gatos y perros mojados.
hace rato llovió un panda, un koala y oso gris
(y se comió varios salmones mientras caía),
llovieron dos tercias de tigres alegres
y un par de platones vacíos.
llovieron sólo los colmillos del elefante,
diecisiete ranas verdes y una café y una azul y una amarilla,
una serpiente enroscada y otra tiesa, tiesa como barita.
si lloviese una sola jirafa,
diría que el arca de noe completa cae sobre nuestras cabezas.

llueve una televisión,
un aparato para reproducir cedés sin audífonos.
llueve llanta por llanta, un trailer entero.
llovieron setecientas cuarenta y ocho pelotas de fútbol.
(pero todas estaban ponchadas).
llovió un teléfono, era tu tía.

llovió un poquito seco un rato,
luego arreció de nuevo.
volvieron los perros y gatos,
el agua,
la misma lluvia de siempre.

llueve el cielo, beba, mira, arriba,
llueve la lluvia en tus ojos
de gusto,
mira beba, estás lloviendo.

qué alegría.

estoy muy orgulloso de ti.

XIV
tú no vivías aún
la última vez que llovieron conejos.

deja te cuento.
un día como ayer,
como domingo pegado al sartén y la colcha.
yo me paré con el pie correcto
y de pura suerte
del cielo cayeron diez mil patas de conejo
(con todo y orejas y rabo)
(como cada conejo tiene cuatro patas,
diez mil entre cuatro son dos mil quinientos conejos,
casi tantos como estrellas de media tarde).

a mi se me había olvidado la lluvia de conejos
y salí de mi casa como si nada,
muy tranquilo, y sin paraguas
(mucho menos paraconejos).
y las alcantarillas estaban atascadas,
había pelo esponjoso en las ramas
y escarcha en el congelador,
había pedazos de zanahorias mordidas
y lechuga
y bolitas café como de lodo.

me habrán caído unos tres o cuatro,
volví corriendo a mi casa,
lo demás lo vi desde adentro,
con una taza de chocolate.

tú no vivías aún
la última vez que llovieron conejos.
voy a tomar muchas fotos.

XV
viajas por el mundo como por el mar,
adentro de una botella, te balanceas:
eres un mensaje.
¿quién te envía?
¿quién te encuentra?

flotas detrás de la ola verde
y dejas mi puerto seguro.
sobre aguas profundas
no hay ancla que pueda tenerte.

conoces el mundo así,
hasta que te evaporas y te vuelves el aire,
alguien te respira
y te precipitas de puro contento,
comienzas de nuevo:
viajas por el mundo como por el mar
y la luna en la noche te sigue,
y en el día las gaviotas te buscan,
y sabes que siento que sé como a veces
sólo esto que sientes es cierto.

eres las nubes del cielo de abajo,
y flotando en el agua salada,
tengo la corazonada,
de que tus letras forman constelaciones.
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