un día, cuando yo tenía diez años, mi papá me llamó a su cuarto. entré y lo encontré de pie. cerró la puerta detrás de mí y se puso en cuclillas para que sus ojos y los míos quedaran a la misma altura. voy a darte el mismo consejo que me dio mi padre cuando tenía tu edad, me dijo. las palabras han pasado de generación en generación y ha traído buena fortuna a la familia. estiró sus brazos y puso sus manos sobre mis hombros. voltée a la derecha y en el camino a la izquierda, mis ojos se encontraron con los suyos. aunque mi padre tiene un semblante serio que le ha dejado dos zurcos en el entrecejo, jamás lo vi tan marcado como entonces. es bastante simple, me dijo, y hoy se los comparto: no hagas pendejadas.
para recordármelo, cada vez que mi padre me da la bendición, en lugar de terminar su mano en mi boca en el amén me da una palmadita en la mejilla.
para recordármelo, cada vez que mi padre me da la bendición, en lugar de terminar su mano en mi boca en el amén me da una palmadita en la mejilla.
