cuando Baco llegaba a la casa algo tomado, solíamos tener discusiones sobre el amor y las mujeres. aquellos que lo conozcan sabrán que eso era realmente frecuente. la verdad es que Baco normalmente no me dejaba hablar y casi todo era preguntarme por qué. Baco siempre llevaba un anillo colgado a un collar y en una de esas veces, la última que recuerdo, hablando de su relación que acababa de terminar, supe por qué. me dijo, para hacer énfasis en cuanto la quería, que él estaba listo y dispuesto a llevarla a Oaxaca, arrancarse collar y anillo, entregárselo y dicile Soy tuyo. lo dijo, además, para demostrarme un punto. entonces yo le dije: Esa es la diferencia, yo ya la llevé a Oaxaca y le dije Soy tuyo. Baco no tuvo nada más que decir y se fue a su cuarto. y es que era cierto: en el patio de casa de mi madre, la única vez que vine contigo, de tarde y envueltos en una sábana te pedí por vez primera que te casaras conmigo, cuando todavía éramos unos niños. y supongo fue aquí donde se conocieron; así que no estoy mintiendo. no sé si sea que está tan encerrado, alejado de todo, perdido en el tiempo en el espacio. no sé si es algo que se respira en el aire, o algo que la APPO echó al agua. es el amor que el Beno le tuvo a su tierra, junto con el desamor de las novelas de Marcela Serrano. es la idea de perderse en alguno de los quinientos municipios o en su mar abierto y peligroso de Zipolite, o calmado y pacífico de Huatulco y Puerto Escondido, la idea de coquistar un lugar nunca tocado por el hombre, de escuchar las historias de los antiguos dioses -los primeros- que salen desde Monte Albán, desde las grecas de Mitla, desde los animales fundidos con el árbol del Tule; es que eres barro negro al tocar y al calor te sientes igual que barro nuestro que se moldea con la memoria, es que eres tan misteriosa y mística como un alebrije, tan difícil de entender, y te apareces en mis sueños lo mismo para contarme secretos que para asustarme. si Vienna espera por ti, Oaxaca espera por nosotros.
