casa de mi mamá en Oaxaca es algo así como un monasterio. es definitivamente un ecosistema autosustentable, un feudo privado al que todo lo necesario parece llegar por sí mismo. podría no salir de la casa en toda la semana, porque aquí adentro el tiempo no pasa igual que en el resto del mundo. y esto a sabiendas de que casi no salgo de mi casa en Guanajuato y que allá, de todos los lugares del mundo, el tiempo se lo toma con calma y hace lo que quiera. en San Luis normalmente estoy desfilando por oficinas burocráticas y debo visitar amigos que no me perdonan que no los visite y qué bueno. pero aquí no hay presión, aquí todo es calma. después de tan sólo un par de días aquí, se me olvida que tengo que hacer algo con mi vida, que tengo gente a quien enorgullecer, promesas que cumplir, montañas para subir, conjeturas que demostrar y guerras que pelear. no, aquí adentro no tengo que hacer nada porque apenas y existo; aquí adentro no hago diferencia y eso me tranquiliza, acostado sobre el pasto podría simplemente regresar a la tierra que amo y sin embargo se me ocurre que podría dominar el mundo desde aquí, señalando el camino que habrán de seguir los demás aunque yo no lo vea. y conforme vaya olvidándome de mí casi sin darme cuenta, al mismo tiempo iré olvidando todo lo demás.
