la dieta se trata de comer menos y mucho más controlado, pero sobre todo de comer menos. en específico menos de esa comida deliciosa que tanto te gusta y más -pero no demasiado- de esa otra comida que no te gusta tanto y es básicamente otro estado físico del agua como, digamos, lechuga.
poco a poco, puesto que tu cuerpo tiene que ingeniárselas con la poca comida que le das, tu estómago se acostumbra a recibir cada vez menos y pasa lo que comúnmente llamamos como empequeñecimiento.
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| también sucede después de una ducha fría, lo juro |
es decir, con menos comida estás satisfecho. tú que alguna vez fuiste campeón de tacos ahora está a punto de explotar con cuatro y dos vasos de agua son demasiado para ti. ¿y qué sucede cada vez que decides ir por el quinto taco? culpa, horrible e interminable culpa sobre cómo has pasado tus límites permitidos y no mereces vivir maldito cerdo goloso.
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| cerdo, no me llames cerdo |
sin embargo, como ya dijimos antes, la cosa es que siempre tienes hambre ¿no es así? tu sensación de saciedad no durará más de dos horas y pronto volverás a sentir hambre, no importa cuánto puerco te haya dado, morirás de hambre antes de tu siguiente comida permitida y no habrá nada que podrás hacer ¿o sí? ¿o sì?
claro que lo hay. puedes comer. puedes comer digamos un pedazo de pepino o no sé una manzana. quizás un yogur natural o algo de papaya y toronja. son cosas que la gente suele decir que son "saludables" ¿no es así? pues podrán serlo todo lo que quieran, pero a menos que aparezcan en la temible hoja de tu nutrióloga, no son más que tentaciones.
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| dulce, dulce tentación toronjosa |
así que, en resumen, no hay más que dos posibilidades: comer cada vez menos esperando que el hambre se vaya poco a poco o pensar que un poco más de comida no hará daño y sufrir la culpa todo el tiempo ante la báscula, es espejo, la cinta métrica y los terribles y juzgantes ojos de tu nutrióloga.
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| esa perra |




