miércoles, 5 de octubre de 2011

miércoles sin agua

el agua se acaba en mi casa. tenemos dos garrafones. en san luis tenemos cinco y en mi escuela hay otros dos. es, según yo, la manera que he ingeniado para evitar el escenario de quedarme sin agua. la idea es que cuando se acabe un garrafón, siempre habrá otro lleno que me da al menos dos días de ventaja para salir y rellenar pero el mundo no funciona así cuando eres flojo. el día que entro a la cocina y me entero que no hay agua, me seco. puede ser hasta el final de un día entero vivido sin agua; saber que no hay agua me deshidrata. tengo que tomar un vaso de agua de la llave antes de decidirme a salir a intercambiarlos por unos que sí tengan líquido. tanto así que en casa tengo desinfectante. en cuanto entro a la tienda me siento mejor: ahí está el agua. me doy permiso de empezar a sudar. entrar al baño y abrir la llave del agua en vano puede aterrarme lo mismo. cuando era niño estaba convencido de que debíamos tener un cuarto en la casa exclusívamente para almacenar agua potable: garrafones, botellones de diez litros, de cinco, galones de leche lavados y rellenados, pilas de cajas de botellas de litro y medio. para que cuando estallara la tercera guerra mundial por la falta de agua, tuviésemos suficiente para sobrevivir.
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