el mundo me ha dado dos vueltas desde que te fuiste y yo le he dado una completa desde que no estás. yo no diría que he cambiado, aunque no soy el mismo. puede ser fácil caer en la tentación de que el tiempo todo lo cura, de que no hay mal que dure cien años, de que todo es cuestión de darle tiempo al tiempo: la verdad es que es cierto que el tiempo no puede dejarnos atrás pero a veces tampoco nos lleva muy lejos. mi cuarto está más bonito, pero es el mismo. limpio tan poco por aquí que todavía me sorprenden las cosas que encuentro y entiendo perfectamente por qué a veces la gente quema las fotografías, pide un intercambio o lo deja todo para iniciar de nuevo a cientos o miles de kilómetros, del otro lado de las mismas cosas y ponen muros y cambian la cerradura y cambian de ropa y de expresiones y de lugares y de amistades pero mucho de eso es natural porque uno se hace de otra ropa porque se gasta o se rompe o se pierde y entonces uno dice que es obra del tiempo que es tan sabio y no, la verdad es mucho más sencillo que eso; el tiempo sólo es sabio cuando uno deja de preocuparse por todo lo que falta por venir, por todo lo que no ha venido y por todo lo que ya no vendrá o nunca vino, es comprando unos tenis nuevos porque los viejos estaban rotos, es haciendo ejercicio para tomar aire, es visitando al mercado porque se acabó la comida y haciendo tarea, cumpliendo promesas, leyendo libros y viendo la tele que uno sin querer se hace del valor para las cosas grandes, cuando es obvio que se sigue adelante. quiero decir que no se me olvida que alguna vez dije que tú eras el mundo y que hoy no me preocupa saber qué tan en lo cierto estaba: si ya no lo eres, el mundo es nuevo para descubrir y conquistar y si todavía, entonces nunca dejaste de serlo.
