domingo, 11 de julio de 2010

madrugada de lunes de mal chiste y pensar en ti

poco a poco me fui haciendo a la costumbre de desayunar sobre mi escritorio en el despacho. algunos días, como éste, apenas pasadas las nueve de la mañana, veía la silueta de mi amigo el oficial que traía para mí una nota del detective Mendoza. el oficial tocaría tres veces la puerta antes de abrirla y entrar sin esperar respuesta. así lo hizo y lo tenía ante mí, muy contento y rebosante de juventud y ganas de cambiar al mundo, con la nota en la mano mientras yo tenía sincronizadas en servilleta en las mías. las primeras veces esperó a que acabara de desayunar antes de decirme cualquier cosa, ahora ni siquiera me dejaba tragar. El detective le manda esta nota, me dijo mientras estiraba su brazo con el papel hasta mí. bajé mi comida que no terminaría y, antes de desdoblar la nota para leerla o pasar el bocado para hablar, el oficial interrumpió y dijo Dice que lo espera en casa del gobernador, que es urgente. yo levanté la mirada con una expresión de acostumbrada molestia, como si tratase con un niño, pero no dije nada. sólo volví a envolver de vuelta mi sincronizada medio mordida en la servilleta. me levanté y me dispuse a seguir al oficial, quien me llevó hasta casa del gobernador en su patrulla. 
era mi primera visita a la casa. entré y fui guiado –cosa extraña- a la cocina. ahí me encontré con Mendoza y el señor gobernador, además de tres o cuatro de sus secretarios. Es un honor conocerlo al fin, me dijo el mandatario mientras estrechaba mi mano, he escuchado mucho sobre su labor. asentí mientras miraba fijamente cómo mis tenis desentonaban de entre los presentes. al gobernador me tomó de un hombro para decirme como confidencia Esta mañana he encontrado esta nota al despertar, confesó mientras me daba la nota, estoy sumamente preocupado de malinterpretarla y tomar una decisión que pueda afectar a todo el estado. tomé la nota y la leí para mí. no pude ocultar mi asombro y abrí los ojos como para leer mejor, Nos volvemos a encontrar ambigüedad semántica, dije para mí y levanté la vista para observar el rostro de Mendoza. él no había podido descifrar el mensaje pero en su cara se leía apoyo; la posible tragedia nos había unido esta vez. voy a necesitar un diccionario, le dije a Mendoza. el de la RAE, me preguntó. No, dije yo, tomando una pausa dramática tan larga que me dio tiempo de pensar esta oración que escribo, Necesito el de Mexicanismos y Ambigüedades de García Palau. Mendoza dudó por un segundo y se dirigió a su patrulla, donde debía tener una copia de ambos. Ahora, dije mientras encaraba al señor gobernador, voy a necesitar contexto, mucho contexto. escuché atentamente todo lo que tenía que contarme, interrumpiéndolo al menos tres veces para recordarle que yo no estaba registrado para votar. regresó Mendoza con el diccionario. lo abrí en una página que sabía de memoria. leí en silencio, sosteniendo la nota en mi otra mano. llegué al final y ahí estaba la respuesta. levanté la mirada con mucha más tranquilidad, cerré el libro, y dije Ahora estoy seguro, señor, que su esposa lo espera en el banco del parque y no en el establecimiento público de crédito. 
no pude evitar sentir el suspiro de alivio que nadie en la sala pudo evitar dejar escapar.
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