uno vive bajo el entendido de que hay ciertas cosas que no se pueden decir. uno no puede, por ejemplo, llegar con un viejo amigo que ha subido bastante de peso y decirle: ¡vaya que has subido de peso! o ¡pero cómo has engordado! y mucho menos ¡pero qué cerdo estás! sin importar la confianza que se tenga con el amigo; en cambio, uno suele decir cosas como: estás embarneciendo. y la frase es perfecta porque el aludido sabe que se refiere al peso pero como nadie sabe bien qué significa embarnecer, ni el emisor se siente insultante ni el receptor insultado. y con una vieja amiga el tema es completamente inabordable salvo por la mamá y la suegra que normalmente no se andan con sutilezas.
tampoco puede uno andar con la gente que conoce diciéndole: "qué buenas nalgas tienes" o "quiero" porque eso es sumamente vulgar y nadie aquí es un vulgar. por lo general está mal visto que uno diga a otro que el segundo "lo decepcionó" o que considera que hizo un mal trabajo; en cambio se utilizan expresiones de ánimo como "está bien, a la otra sale" porque no nos gusta lastimar a nadie. por eso mismo, incluso tras mucho tiempo de una mala relación, la gente suele decir cosas como el clásico "no eres tú, soy yo" porque uno se acuerda que ha pasado momentos muy bonitos y no quiere lastimar a quien alguna vez quiso tanto.
finalmente, no puede uno andar contando sueños aventurosos que haya tenido con tal o cual persona aunque sólo hayan sido sueños. ni debe andar uno contándole a la gente que le gusta mucho fulana y que quiere todo con fulana y le trae hartas ganas, mucho menos decirle a fulana misma. la convención social en situaciones como ésta y algunas otras similares -como un amor secreto hacia la chica más popular de la escuela o la mejor amiga de uno- es bien sabida: sólo se puede hablar al respecto a) después de que hayan pasado muchos años y ya no se pueda hacer nada al respceto o b) la noche antes de separarse para siempre y quizás después de haber bebido un poco. nunca antes.
