le damos entrada a muchas personas a nuestra vida sin darnos cuenta. personas que conocen mucho de nosotros sin saberlo, a quien le confesamos cosas que no lo hacemos a nuestros padres, amigos. (no estoy contando al mundo desde facebook, myspace y los anuncios personales.) está el doctor, al que nos conviene no mentirle; cierto que podemos moldear la verdad porque no tiene por qué saberlo todo y puede que digamos mentiras sobre cosas que creemos no son médicamente relevantes -no todos los casos son casos del dr. house. la cosa es que él sabe más de lo que le decimos: aunque a veces son meras conjeturas, él tiene mucha mejor idea de lo que pasa dentro de nosotros que nosotros mismos. si sustituimos doctor por psiquiatra o psicólogo, entonces se vuelve peor. seguro le decimos más de lo que le decimos a cualquier otra persona: le decimos a él las cosas que, si se las dijeramos a quien debemos, resolverían muchos de los problemas que nos llevan con él en primer lugar (no todos, hay problemas mucho muy serios). todo esto es un preámbulo, porque en realidad quiero hablar de la persona que revela nuestras fotografías. es cierto, el viejo arte de imprimir las fotos está olvidado porque con esta tecnología digital, pocos imprimen sus fotos. sin embargo, las que sí se imprimen son vistas por un extraño. (creo que esto es el argumento de una película con robbin williams que nunca vi.) no las tiene que ver pero sin duda puede: enterarse de tus vacaciones, de tu cena con la familia, de tu salida con tus amigos, de tu novia. puede compartir contigo tus más preciados recuerdos. esa persona puede ver lo que tú ves, con tus ojitos de borrego y tus suspiros, puede ver lo que quieres ver, conocer la foto que quisieras llevar cerca de tu corazón.
