cuando sea que quieras correr un maratón, dice la gente que me invento que dice las cosas, debes dar siempre primero un paso. ese paso será conocido en adelante como el primer paso. dicho primer paso, continúa diciendo la gente que no para de decir, es el más difícil de todos. los demás pasos -el segundo, el tercero, el centésimo, el milésimo- no son tan importantes; son resultado de la inercia del afamado primer paso. aunque no estoy convencido de ello, no creo exista manera de darle la vuelta a ese primer paso: lo más sencillo sería pensar que en lugar de dar el primero paso, uno da el segundo paso y tenemos la paradoja de la tortilla de hasta arriba. si acaso fuese un trámite feo para ti, lo mejor sería superarlo de una vez, darlo y seguir adelante, alejarte de él caminando lo más rápido que puedas y no voltear para atrás. si acaso no quisieras darlo para nada, quizás puedes dar uno para un lado, como cangrejo. mi consejo es, pues, que no escuches lo que la gente dice; no te quedes parada al borde del trampolín y sólo salta; no mires a la pista como si algo le faltara y sólo baila; no te detengas porque nadie te puede alcanzar, nadie te puede quitar lo que has ganado para ti y, después de ese primer paso, ya nadie podrá detenerte.
