bueno, la marcha en realidad fue el martes, de la semana pasada. sólo no había estado seguro de cómo decir lo que quiero decir. hoy leí la columna de Loret de Mola y creo que dio más o menos en el punto: mientras que me queda claro que estamos de acuerdo en querer la paz, no podría tener más seguridad de que no tenemos ni idea de cómo. en el proceso de escuchar nuestras opiniones, esos cómos nos van a separar si lo que mantenemos es la necesidad de imponer nuestra visión sobre el diálogo: que si es culpa de Calderón, que si los drogadictos son enfermos y criminales, que si seguridad pero no más policía, que si el ejército de vuelta al cuartel, que si legalizar las drogas, que si rezar a Cristo nos traerá la paz que buscamos, que si el empleo y los programas sociales, que si la educación y la teve; finalmente, al que más escuchamos fue al dueño del megáfono quien, cuando tenía que irse, dio por terminada la reunión para poder llevarse su aparato. no sólo no vamos a estar de acuerdo, la verdad es que no se puede dar gusto a todos con opiniones tan contrarias. es un movimiento donde se está tomando como líderes a los que hablan más fuerte, a los que lo han sufrido de primera mano; una cruzada sin mucha organización y me parece, a veces, inocente. me preguntaba lo mismo: el ejército regresa al cuartel ¿y los criminales dejan de matar gente? cuando salimos a la calle gritando ¡Queremos paz! ¡No más sangre! ¿a quién le pedimos la paz? ¿al gobierno? ¿a los sicarios y cárteles? ¿al ejército? ¿a Dios? si estamos combatiendo también, necesitamos un objetivo, pero sobre todo un plan. entre tantas dudas lo único que tengo claro es que si no nos aferramos de lo que tenemos en común, esto se va a caer a pedacitos.
