cuando el verano terminó, quedábamos nueve. en aquellos tiempos, las reglas eran bastante menos inflexibles -porque por lo general obedecían directamente a la voluntad de Jacob. no me creí que hubiera aprendido mucho; el nivel de los cursos de aquellos días era mucho más bajo comparado al de hoy, y es obviamente una de las razones de por qué nos ha ido mejor. en todo el verano sólo un momento de seguridad para mí: cuando nos enseñaron inducción matemática -el tema más confuso hasta que llegó el teorema chino del residuo- la agarré más o menos rápido al principio y cuando pasé a explicar dos de los problemas que teníamos que hacer los no-repetidores, Miguel me preguntó la edad y se emocionó al saber que tenía un año más todavía.
según recuerdo, en aquellos días todo se hacía por correo electrónico y el aviso de que seguía con vida llegó por ahí. tuvimos un par de entrenamientos más los sábados, y yo debía ir al curso de los viernes también. pero pasaban andaba con bastante mala suerte esos días: uno de los viernes que me disponía a ir a curso en carro y con mi recién estrenado premiso de menor choqué al hacer un estupido rebace que pudo haber terminado mucho peor, le di un golpe a un trailer para incorporarme rápido y no pasó nada, pero el susto no me dejó concentrarme; otro viernes ocurrió que Daniela y yo tuvimos un pequeño percance con la policía municipal en el auto y el susto me duró mucho, mucho tiempo más, razón por la que no iba a cursos.
llegó el último selectivo y los resultados llegarían de nuevo por correo, pasada una semana. llegaron dos días tarde y no recuerdo haber actualizado tan seguido mi correo nunca más. ahí estaba la lista de los seis que formaban la delegación, y nada más. el orden creo que era Rodrigo, Pablo Zubieta, Alejandro, Carlos UVM, Carla Daniela y Carlos Zubieta. era todo lo que decía. así que el año olímpico había terminado para mí.
sí fui a Guanajuato, si acaso por unas horas, en una aventura que he contado muchísimas veces. Daniela y yo cumplíamos creo que seis o siete meses y esperé a que pasaran los exámenes para ir al nacional. hice más de seis horas en un camión más que pollero al que se le cayó la tele antes de llegar a Dolores; me quedé en un hotel horrible cerca de la central -el Maxim-; vi a Daniela por dos horas si mucho -le regalé la "nueva" playera de las chivas, la que era marca chivas; se me ocurrió tomar un camión al centro, me perdí y casi no vivo para contarla. sin embargo, nuestra relación no aguantó un mes más -creo. siempre sospeché que tuvo algo que ver con Pablo Zubieta, con quien salía a veces. varios años después alguien me confirmó la versión, o acaso que sospechaba lo mismo, pero nunca lo supe de ninguno ellos dos.
Pablo y Rodrigo sacaron plata, Alejandro bronce; Carlos Zubieta fue el último cero perfecto que tuvo San Luis. estaba seguro que pude haberla hecho mejor, pero eso es fácil de decir. en marzo, o mayo del año siguiente, o quizás febrero, se llevó a cabo el IV Intercampus de Matemáticas del sistema Tec de Monterrey en Guadalajara, Jalisco. normalmente se lleva a cabo en septiembre y en aquellos entonces no se permitía la participación de alumnos que ya hubieran participado en una OMM. participamos cuatro de mi prepa, aunque sólo recuerdo a Luis Daniel. era un concurso que yo no quería, porque era una especie de premio de consolación que no me servía de nada. me sabía con más nivel que los demás; la verdadera competencia había sido eliminada simplemente por ir al nacional y no oculté mi arrogancia: le aposté a Jacob que yo ganaría el concurso. él no me creyó, y quizás con razón pues ¿qué había ganado yo?, pero de todos modos lo gané, como primero absoluto. quizás por lo que él juzgaba una hazaña, Jacob decidió platicarme que en realidad Carlos Zubieta y yo habíamos termiando empatados, pero lo eligió a él por ser un año menor que yo, porque Pablo había demostrado ser muy bueno y por todos esos entrenamientos a los que había faltado.
así, al empezar mi segundo y último año de participante olímpico, mis sentimientos hacia los demás eran todos de odio: contra el que me había quitado mi lugar, contra su hermano, contra el equipo de entrenadores que lo permitió, contra todos los demás. el único aliado que sentía era Jacob, quizás por haberse sincerado conmigo. mi única meta era mostrarles que yo era mejor que ellos, y nada más. les digo de una vez: esa no es la mejor de las estrategias.
