esta es la historia de un sujeto al que llamaremos, no sé, digamos, Juan. no soy exactamente amigo de Juan, aunque he platicado con él ya en varias ocasiones. lo conocí de manera bastante accidental, en el aeropuerto de la ciudad de México aquel día de diciembre en que tomé mi vuelo a París. el vuelo había sido anunciado ya y los pasajeros nos disponíamos a abordar pasaje en mano cuando apareció un tipo corriendo perseguido por dos o tres agentes de seguridad aeroportuaria; llegó hasta donde estábamos para abrazar a una chica a la que le gritó Te amo y Te estaré esperando. la sala rompió en un sonoro Aww y segundos después, el sujeto, Juan, fue sometido por los oficiales y escoltado afuera de la sala. cuando llegué a Europa, tuve muchísima curiosidad por comprar periódicos locales como souvernir barato, aunque no los leí sino hasta regresar a mi país, casi un mes después. me sorprendió encontrar la nota sobre el incidente de Juan referido en un periódico francés del día siguiente; en la pequeña noticia de menos de octavo de plana venía una foto del momento en que lo sometían y decía que había sido llevado a la policía detenido. quise investigar un poco más y encontré otras notas en periódicos como La Jornada y El Universal; Juan había sido acusado de actos de terrorismo y se le condenó a seis meses en prisión tras no encontrarse evidencia de armas o planes macabros en su persona o conocidos. yo siempre creí que eso no pasaba, que los policías entendían el acto de amor y lo dejeban a uno salir, pero por otro lado, saltarse las aduanas, detectores metálicos y bandas eléctricas de un aeropuerto no es cualquier cosa estos días. la historia de Juan me interesó muchísimo y con una sencilla investigación en internet descubrí que tenía varios antecedentes más, por actos que parecían reflejo de alguna película. quise saber más, así que decidí hacerle una visita a la prisión aprovechando un día en que tenía que visitar la ciudad de México por otros motivos. la entrevista fue breve, pero entendí mucho de su comportamiento: Juan había creado sus nociones de amor y romance en documentales presentando los talentos de Hugh Grant y Sandra Bullock, él creía que aquellos actos grandiosos de entrega personal eran lo que marcaba la diferencia en la relación y garantizaban la incondicionalidad del otro. en su vida había existido únicamente una mujer, que llamaré María porque por qué no. cuando la conoció, el tiempo se detuvo para él y desde ese momento quedó convencido que ella sería la mujer para ella. hizo esfuerzos sobrehumanos por conocerla, por encontrar la manera de acercársele. empezó con gestos más o menos sencillos como canciones a todo volumen en radios gigantes afuera de la casa. un día, con una gran porción de sus ahorros, envió miles de su flor favorita a la puerta de su casa. María se mostró interesada y empezaron a salir. las cosas iban bastante bien, y sus gestos románticos hacían que cualquier otro quedara mal: movía mar y tierra para cumplirle sus sueños de toda la vida, al principio cosas sencillas como ver una lluvia de estrellas y algunos trillados como estar en dos lugares al mismo tiempo, y mucho sobre ayudar personas, mejorar la vida de los demás. no se trata, pues, de la historia típica de dos personas radicalmente opuestas que, al pasar el suficiente tiempo juntos debido a alguna circunstancia poco natural, se enamoran perdidamente. aquel día en el aeropuerto, Juan había ido a despedirla en un viaje de estudios que los separaría ocho meses, de modo que su tiempo en prisión no era exactamente un contratiempo pues no tenía nada más que hacer ni la posibilidad de encontrarla allá, el mundo entero le era gris sin ella, idéntico a la prisión. me identifiqué algo con su vida y lo dejé con mis mejores deseos. desde aquél día, nos hemos vuelto a encontrar en más de una ocasión y tuve oportunidad de conocer a María en algún viaje que hicieron al interior de la república. sin embargo, el viaje había traído algunos problemas: en primer lugar, a María no le agradó demasiado la idea del tiempo que pasó en prisión, de tener por pareja a un exconvicto pero, teniendo en cuenta lo segundo, el hecho de que ella conoció a alguien más en Europa, cuando menos a mí eso me parecía una excusa. el probre Juan estaba destrozado pero prometió pelear por ella, el amor de su vida. en más de una ocasión fue literal y tuvo que repetir tiempo en prisión por cargos de riña y atentar contra el orden público; en otra ocasión terminó en el hospital con heridas graves. nada de lo que hizo a partir de ese momento comenzó a resultar, ni siquiera cosas que había hecho antes; María decía que, detrás de todos esos grandes gestos, la verdad era que no platicaban de mucho y tenían tanto en común. lo último que supe de Juan era que había prometido esperarla, debajo de la ventana del departamento de ella, el tiempo que fuera necesario hasta que volviera con él. tuve oportunidad de visitarlo de nuevo y se veía visiblemente cansado, agotado. a mitad de la plática, se desmayó y lo llevé al hospital: estaba anímico, desnutrido, deshidratado, insolado, con piquetes de mosquito por todo el cuerpo y una bronquitis muy aguda a causa de las recientes lluvias; el pronóstico de los doctores era reservado. con él en el hospital, visité el departamento de María. regresé con Juan y traté de convencerlo de no volver, de seguir adelante con su vida pero no hizo caso y en cuanto lo dieron de alta regresó a esperar debajo de la ventana; nunca me armé del suficiente valor para decirle que ella se había mudado algunos meses atrás. no he vuelto a saber de él.
