Buenas noches a todos.
Esta semana fue para nosotros un sueño hecho realidad, y si tuviésemos oportunidad de hacerlo todo otra vez, la verdad sí me la pensaba dos veces.
Quiero empezar agradeciendo a Mila y a todo el Comité Nacional, que nos tuvieron la confianza para dejarnos organizar esta edición de la Olimpiada, la de las bodas de plata, la última del reinado de Mila y la primera de San Luis. Nunca nos mostraron más que apoyo y estamos sumamente agradecidos. Hace siete Olimpiadas, en Ixtapan de la Sal, Mila me entregó mi diploma de tercer lugar y hoy tengo el honor de entregar las medallas con ella, con algo de pelo blanco también.
Así mismo, quisiera agradecer a las personas que nos ayudaron a financiar el evento. Secretario de Educación: le ruego le haga llegar al señor Gobernador nuestro más sentido agradecimiento por acoger este proyecto cuando más difícil la veíamos. Agradecezco también a la Secretaría de Educación y a los subsistemas de Educación Media Superior del Estado, a la Secretaría de Cultura, al H. Ayuntamiento de San Luis Potosí, la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma y a nuestros anfitriones de la tarde, el Tecnológico de Monterrey. Agradecerles sobre todo el esfuerzo que pusieron en ayudarnos a darnos cuenta de que somos más capaces de lo que creíamos y podemos hacer todo lo que nos proponemos.
Muy personalmente, agradezco a todo mi Comité Local, que hace que mi trabajo parezca tan sencillo a veces. Sepan que si el mundo nada les da, de todos modos nada les hará falta pues tienen el corazón y la voluntad enormes y muy bien puestos. A nombre de todos ellos agradezco a nuestros padres, hermanos, amigos y aliados, sin cuya complicidad no podríamos hacer nada de esto.
Pero sobre todo, quisiera agradecer a todos nuestros amigos, alumnos, profesores y padres de familia, artistas y amantes del arte de todo el Estado que atendieron nuestro llamado de ayuda y compraron boletos de rifa, participaron en la Olimpiada de Otoño, donaron o compraron una obra de arte a la Galería de Elsa Castillo, con quien también estamos muy agradecidos. Todos ellos, colectivamente, de manera anónima y desinteresada, hicieron la aportación más grande para que este evento pudiera llevarse a cabo. Por eso quiero agradecerles tanto a ustedes, participantes, que en un par de horas le hayan devuelto a la gente de este Estado, todo el cariño y el esfuerzo que hicieron para poder recibirlos como se merecen. Este año no estuvieron de visita en una ciudad, este año dejaron huella y a un grupo de niños no muy lejos de aquí les tomará mucho tiempo olvidar el día que fueron a visitarlos los niños raros de las matemáticas –en específico, quisieran saber cuándo volvemos a terminar el piso. A muchos de ustedes el examen de 42 puntos y los 7 puntos extras les están quedando cortos: esa es nuestra visión del problema 8, ayudar a los demás.
En los años que llevo a la Olimpiada, he entendido que es una fiesta, una celebración principalmente de tres cosas:
Primero: la juventud, pues todos ustedes son jóvenes. Este año también porque todos los organizadores lo somos. Muchas veces he escuchado que la Matemática es una ciencia para los jóvenes y apenas este año lo he entendido bien: no es que uno tenga que ser joven para hacer matemáticas sino que sin la curiosidad, la rebeldía y la osadía de la juventud, nadie puede hacerlas.
Segundo: una fiesta del talento, que todos ustedes tienen y de sobra. No sólo matemático, pues nos demostraron que muchos de ustedes cantan, bailan, y en particular, uno de ustedes puede tocar el trompo como una flauta. Talento de sus entrenadores que se los comparten, de los organizadores y talento también de nuestras autoridades, que saben reconocer un buen proyecto cuando éste toca constante e insistentemente a sus puertas, ventanas, teléfono y correo electrónico.
Y tercero, pero más importante: una celebración del trabajo y el esfuerzo de cada uno de nosotros. Trabajo que es la única manera que tenemos de superar nuestras deficiencias, trabajo porque el talento no siempre alcanza, trabajo que es todo lo que tenemos para cumplir nuestros sueños y alcanzar lo que parece imposible. Un grupo de jóvenes no mucho más grandes que los participantes organizaron este nacional y entrenaron a la delegación que ocupa el cuarto lugar, nuestro tercer top cinco en cuatro años; seguimos siendo una delegación joven, una delegación humilde, pero ya nunca más una delegación pequeña, una delegación débil. Digo esto no sólo para presumir sino porque estoy convencido que si nosotros podemos, cualquiera puede: ninguna delegación debería venir pensando que está derrotada, creyendo que no tiene oportunidad, cualquiera puede, pero para eso hay que chingarle todo el día, todos los días. Hemos reunido a la familia en nuestra casa para darles este mensaje fuerte y claro: la única manera de alcanzar a los que van adelante es correr más rápido que ellos. Esa es la única certeza que tengo: el trabajo es la fórmula secreta y se puede, claro que se puede.
Si su juventud y su talento los hacen herederos del mundo, será su trabajo el que los haga dignos de reclamarlo. Yo sé que éxito tendrán en lo que intenten y por eso les deseo cosas más sencillas: que las amistades que iniciaron en la Olimpiada ya nunca se disuelvan, que por muchos años más puedan aprender de y enseñarle a sus entrenadores y que si ya nunca tienen oportunidad de regresar a una de nuestras reuniones familiares, ojalá y algún día venga alguien en su nombre: que sean recordados no por lo que ustedes lograron sino por lo que ayudaron a los demás a lograr pues ustedes no son un número del cero al cuarenta y dos, ni el metal de una medalla simbólica, ni una clave de tres letras y un dígito –o dos si eres MMX10- son muchísimo más que eso.
Creo que la Olimpiada no le cambia la vida a nadie, sólo nos ayuda a darnos cuenta de quiénes somos y qué queremos hacer en la vida. Hasta volvernos a ver, sepan que en San Luis tienen una casa y en cada uno de nosotros más que un hermano, tienen un aliado, un compañero de trinchera. Creo que esto es lo más grande que hemos hecho y les agradezco que nos dejaran compartirlo con ustedes. Dale San Luis, Dale México, gracias y felicidades a todos, el aplauso es para ustedes.
