viernes, 12 de noviembre de 2010

viernes de que lo haga copas

El Dr. William Jiménez, mucho tiempo catedrático de la Universidad de California en Los Ángeles, tuvo una muy marcada obsesión en su vida académica con los finales. Esto se puede observar desde el título mismo de su tesis para obtener el grado de Licenciado en Lengua y Literatura que presentó en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña de su natal Santo Domigo. El título era "Despertar a la Realidad: un análisis del happily ever after en la literatura popular" (1967) y defendía dichos cuentos como una manera que tenía la conciencia popular de evadir su triste realidad principalmente campesina y obrera. Roberts y Peña (2007) fracasan en su intento de explicar dicha obsesión a través de sus antecedentes familiares, pues basados en toda la información que pudieron recibir, Jiménez tuvo "una de las infancias más felices de las que jamás hayamos conocido". Al parecer, sus padres vivieron juntos hasta muy avanzada edad, nunca sin complicaciones económicas ni grandes tribulaciones familiares o tragedias de ningún tipo y se dice, incluso, que murieron el mismo día, a la misma hora, diciéndose mutuamente "no me despido". Kopisch (2009), siguiendo las investigaciones de Roberts y Peña, justifica su obsesión precisamente como manera de evadir su vida tan sencilla, a manera de autojustificación de algún sufrimiento que nunca tuvo. Su trabajo fue ampliamente discutido. 
Además de numerosas y muy interesantes publicaciones académicas (recordemos que su tesis para obterner su Ph. D. en Traditional Literature recibió el premio a mejor tesis doctoral por parte de la Universidad de Offemburg en 1981), Jiménez publicó una pequeña antología de muy pequeños textos que se han catalogado como microcuentos o microfábulas en 1997 en la que se puede apreciar toda su frustración hacia la falta de detalle que brindaba el felices por siempre. A continuación, transcribimos tres de ellos, en la traducción de Camacho Torres (2000):

Un día, Cenicienta se dio cuenta
de que en Palacio hay mucho más qué limpiar.

Aladino se descubre a sí mismo
guardando joyas de Jazmín en sus bolsillos. 

Mamá y Papá se divorciaron en Noviembre.
Hubo bocadillos.

Durante la corriente biografista de la literatura, siempre fue el tercero el que más llamó la antención pues ni su matrimonio ni el de sus padres terminó en divorcio. Durante las demás corrientes, sus textos no llamaron mucho la atención de nadie. Jiménez mismo no hizo nunca mucho alarde de ellos ni contestó pregunta alguna sobre ellos. Recientemente, sin embargo, y a casi cinco años de su fallecimiento, aparecen publicadas sus memorias en las que habla larga y tendidamente de sus microfábulas. (Descabelladamente, Hills (2002) quiso ver en ellas el origen del microblog en un trabajo que le costó toda su credibilidad académica.) Sin embargo, lo que más llama la atención es un pequeño texto que en el libro aparece como faximilar y que aquí se reproduce con traducción libre: 

¿Qué habrá de suceder después de que todo termine? 
Cuando yo ya no sea yo y tú ya no seas tú, 
¿cómo te veré por vez primera? 
¿qué veré en ti? 
Pasado el tiempo en que te olvide, 
imagino que volver a verte me hará recordarlo.
Si toma para siempre, esperaré por ti.
Diez mil veranos esperaré por ti.
Cuando todo termine, todo empezará de nuevo.

El texto parece hablar sobre cómo la obsesión de Jiménez con los finales es que nada nunca termina, que tiene cierta explicación en su crianza estríctamente católica y en cierta historia que cuentan sobre el amor que le profesaba secretamente a una compañera de colegio de su natal Santo Domingo, historia que nunca ha sido tomada como verdad. 
A cinco años de su muerte, Jiménez está más vigente que nunca.
Licencia de Creative Commons
escribesaurio by Uge Saurio is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License. Creado a partir de la obra en escribesaurio.blogspot.com. Permissions beyond the scope of this license may be available at escribesaurio.blogspot.com.