No es particularmente difícil lograr identificar tres tiempos esenciales en la voz activa de cualquier lengua. Se puede empezar con el pretérito o pasado. En este se ubican todas aquellas acciones ya realizadas desde un momento específico hacia “atrás”, es decir, como si estuviésemos parados sobre una línea trazada en el piso en dirección de alguno de los extremos de la misma. Por ejemplo la primera guerra mundial, la pascua de Jesucristo, la invención de la imprenta, el descubrimiento de América, un primer beso y los pies en la luna son todas acciones pasadas. Análogamente, continuando de pie sobre la línea trazada en el piso, todo lo que tenemos de frente es el futuro. Quizás la única acción que podemos canonizar en dicho espacio es la vida con su irremediable fin: la muerte, todo lo demás no son más que especulaciones, esperanzas y felices dudas. Por ejemplo la segunda venida, el inminente fin del quinto sol, algún campeonato del mundo e incluso un último beso, temporadas de desempleo y Apocalipsis. Sólo nos queda el presente.
