lunes, 14 de febrero de 2011

lunes también de la dueña de tus chocolates

me pregunto si ante la mujer que uno piensa e imagina y persigue y sueña y encuentra y a veces no, está uno condenado a ser siempre niño y verla y hacerse pipí. lo único que puedo proponer como explicación al respecto es que la sensación es siempre la misma, como presentarse desnudo con lo único que verdaderamente posee uno y estar increíblemente indefenso; que la sensación te transporta al momento en que tus años podías contarlos con los dedos de las manos y estás por un momento atorado ahí, tartamudeando, temeroso de perder algo que no tienes. y el niño protegiendo con su vida lo que más valora es tan hombre como se puede llegar a ser. entiendo que mi teoría tan infantil de los sentimientos de uno bien podría ser una buena explicación de mi propio problema. y sí, probablemente. quiero decir que a lo mejor uno madura lo suficiente para dejar de jalarla del pelo, y se busca otra manera de llamar su atención; que si antes la defenía del abusón y las arañas, puede creder para protegerla de los empleadores malvados y los alacranes. quiero decir que los planes para el recreo y la salida se cambian por planes para la vida; que uno siempre le comparte todo lo que tiene: tus chocolates, tu cheque, tu cama; y quiero decir que cuando uno se pierde a sí mismo para encontrarse en ella, no es esencialmente distinto al niño que en los ojos y las manos de una niña también, encuentra algo que hasta entonces no había conocido antes. quiero decir muchas cosas pero no tengo que decirte nada porque sabes lo que siento y si no digo nada es porque sé lo que sientes tú.
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