creo que es una horrible tradición mía enamorarme cuando todo está perdido y no hay ninguna esperanza. supongo no soy el único, pues la frase es robada, y no me imagino bien por qué. entiendo, aunque escasamente, que hay algo en nuestros cerebros irremediablemente alambrado para no dejar ir aquello que consideramos vital; entonces conjeturo que al momento de saberlo todo perdido, para hacernos creer que no se ha ido toda la esperanza, nos enamoramos como manera de aferrarnos a lo que creíamos seguro, a lo que tomamos por necesario. no defiendo la práctica, si acaso, la considero bastante estúpida. ¿la mente lo engaña a uno o uno engaña a su mente? dicen que el corazón quiere lo que el corazón quiere, y me recuerda que el corazón ultimadamente sabe una cosa y sólo una, y de eso que sabe no es siquiera de la supervivencia, del bien común, de la navaja de Ockham o del principio de incertirumbre; sabe lo que quiere y no sabe siquiera cómo obtenerlo y se rehúsa a escuchar cualquier explicación sobre lo imposible que es obtenerlo; no, mientras dure su reino se sabrá de una cosa y sólo esa habrá de perseguirse, sólo aquello que quiere traerá la paz. uno termina separándose entre los que intentan alcanzar lo que está perdido y los que planean el coup d'etat. pero cuando el rey haya muerto y viva uno nuevo, entonces otra vez se sabrá de una cosa y sólo una.